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Las coníferas poblaron la tierra desde hace 300 millones de años, en el período Carbonífero, siguiendo su proceso de desarrollo durante la era Mesozoica (250 a 65 millones de años), la consolidación de las especies de coníferas actuales no fue hasta la era Terciaria (hace 65 millones de años).

La dispersión de las coníferas sobre el continente Americano fue un proceso lento, que duro muchos millones de años, en esta fase colonizadora también estuvieron presentes los (Taxodium mucronatum Ten.), los ahuehuetes, nuestros venerados “Viejos de agua”, cuya dispersión llego al centro de México apenas hace 32 millones de años, para establecerse en las zonas lacustres.

 

Ahora es el momento de trasladar nuestros pensamientos a épocas más recientes y de esta manera observar como a través del tiempos, los pueblos originarios de México, se vincularon estrechamente con la naturaleza, formando una relación indivisible, la cual se integra a su historia, bajo el contexto mítico-religioso, en una cosmovisión etnocéntrica, donde “todo el mundo es una gran casa”, concepto que lo sintetizamos alrededor del Huey (gran) ahuehuete, símbolo unificador en la cotidianidad de los pueblos mesoamericanos; “Viejo de agua”, que se ha convertido en “testigo de la historia”.

Para proyectar una semblanza que nos ilustre la importancia del ahuehuete en la historia de México, iniciaremos con uno de los sucesos más significativos, que se refiere a la migración del pueblo Azteca, desde la mítica Aztlán, hasta la región del Anáhuac, dentro su recorrido, se indica la llegada a un legendario paraje, llamado Quauhuitl-itzintla “lugar donde se alza el árbol”, el simbólico ahuehuete, omnipresente en el devenir del pueblo azteca, ahí en ese sitio se construyen un altar para su dios tutelar Huitzilopochtli, ya establecidos en el lugar, descansan de sus labores cotidianas e ingerían sus alimentos bajo la sombra protectora del esplendoroso ahuehuete, cuando repentinamente éste se desgaja partiéndose en dos, con pavoroso y colosal estruendo. La destrucción de este mítico ahuehuete representa la ruptura simbólica con épocas pasadas, la búsqueda de una nueva identidad, desde este momento se convierte en pueblo independiente, poseedor de su propia In tlilli In tlapalli “La tinta negra y la tinta roja”, concepto que representa la sabiduría, la propia historia, sus doctrinas, el nacimiento de la conciencia histórica, por fin serán libres para elaborar sus códices o libros de pinturas, en síntesis dueños de su destino.

Otro de los pasajes importantes de este histórico peregrinar, es cuando llegan a Coatepec, al “Cerro de la Serpiente”, ahí, su dios tutelar Huitzilopochtli ordeno cerrar una barranca para contener el agua, (y de inmediato dijo a sus padres, a los mexicanos: “¡ Oh, padres míos! Puesto que ya se represó el agua plantad, sembrad sauces, ahuehuetes, cañas, carrizos, la flor del “atlacuezonalli”). Crónica Mexicáyotl.

Dejando atrás este hecho tan importante, nos trasladaremos a otro acontecimiento histórico relevante, al período fundacional de Azcapotzalco por parte del pueblo Tlahuica, se dice que al llegar a una región muy fértil, bañada por los ríos de los Remedios y el de Atizapán, decidieron asentarse a la orilla de un manantial, para tal efecto realizaron una ceremonia de posesión del lugar, sembrando siete ahuehuetes que traían a cuestas sus Teomamas, o “portadores de dioses”, desde lejanas tierras de Michoacán y es a partir desde ese momento les da el derecho de posesión del territorio; por el acontecimiento de que en ese lugar están enterrados sus ancestros, “Los Siete Viejos”, zona que se conoce como Ahuehuetitlán a partir de esté momento.

Imposible de no hablar del parque el Contador ubicado en San Salvador Atenco, donde Netzahualcoyotl, acostumbraba a pasear bajo el resguardo de 2000 ahuehuetes. Un recuento realizado en año de 1853, el jardín contaba con 500 ahuehuetes, para 1949, Maximino Martínez nos indica que existen solo 275, sin ser un dato preciso, diversas fuentes señalan que aún existen alrededor de 70 árboles, sin contar que en este momento se intenta remodelar el parque, para los cual las noticias nos informan, que se esta llevando a cabo una tala innecesaria de árboles, sin saber si los ahuehuetes estaban incluidos en este proceso.

Terminaremos esta breve reseña nombrando tres históricos ahuehuetes, el primero el del Tule en Oaxaca, que goza de una estable salud, el Sargento de del Bosque de Chapultepec y el de Popotla, donde se dice que Cortés lloró su derrota el 10 de julio de 1520, ambos ejemplares ya muertos por la negligencia de la mayoría de nosotros, desde el momento de desasociarnos del entorno natural, pensando que somos seres únicos, con capacidad de modificar el ambiente sin tener en cuenta las repercusiones que implica esta conducta.

Es así, que muchos Ahuehuetes centenarios de México han muerto, ahora sólo nos queda el recuerdo y vagan cómo fantasmas inertes en las crónicas de los árboles importantes, mostrando la magnificencia de lo que fueron los “testigo de la historia”.

Codirector de la Revista Floral

Cuauhtemoc Alejandro de la Peña García

 

 

 

Ahuehuete de la Noche Triste  Jose Maria Velasco 1885

Ahuehuete de la Noche Triste Jose Maria Velasco 1885